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– La costumbre debilita las impresiones.
Le he dicho esto a Huguette -tales son los nombres que tienen-, bailando con ella en el Centro de la Cruz Roja, y ella me ha replicado:
– Eres un héroe.
Pero me ha faltado tiempo de encontrar una respuesta delicada porque Mac me ha tocado en el hombro, y entonces he tenido que cedérsela. Las demás hablaban de mala manera, y la orquesta tocaba demasiado rápido. El pie me importuna todavía un poco, pero dentro de quince días se acabó, otra vez en marcha. Me volví hacia una chica de las nuestras, pero la tela del uniforme es demasiado basta y debilita también las impresiones. Hay muchas chicas aquí. Ellas comprenden en cualquier caso lo que se les dice, razón por la que me he sonrojado, pero no hay gran cosa que hacer con ellas. Salí y en seguida encontré muchas otras, no de la misma clase sino bastante más comprensivas, pero eran quinientos francos mínimo, y eso porque estoy herido. Es curioso, pero estas últimas tienen acento alemán.
Después perdí de vista a Mac y bebí mucho coñac. Esta mañana me duele horriblemente la cabeza, sobre todo en el sitio donde el P.M. me golpeó. No me queda dinero porque finalmente le compré unos cigarrillos franceses a un oficial inglés, y bien que lo siento. Acabo de tirarlos, pues eran asquerosos. Hizo bien en deshacerse de ellos.
