
Felizmente, la cosa se aclaraba. Estaban desembarcando ahora a grandes hornadas de las barcazas, pero los peces se les colaban entre las piernas para vengarse del zafarrancho, y la mayor parte se caían al agua y volvían a levantarse tosiendo como locos. Algunos no se levantaban y se iban flotando con las olas, por lo que el capitán nos ha ordenado al instante neutralizar el nido de ametralladoras, que acababa de volver a empezar a disparar, avanzando detrás del tanque.
Nos hemos colocado detrás del tanque. Yo el último, porque no me fío mucho de los frenos de esos aparatos. Pero, en cualquier caso, resulta más cómodo caminar detrás de un tanque, porque se evita la molestia de enredarse en las alambradas y porque las estacas caen por sí solas. Pero no me gustaba su manera de chafar los cadáveres con una especie de ruido del que hace daño acordarse, pero que de momento resulta bastante característico. Al cabo de tres minutos, ha saltado sobre una mina y ha comenzado a arder. Dos de los individuos no han podido salir de su interior. El tercero ha podido, pero uno de sus pies se quedó dentro del tanque, aunque no sé si se ha dado cuenta de ello antes de morir. En cualquier caso, dos de sus obuses habían caído ya sobre el nido de ametralladoras, destrozando los huevos y también a los infelices. Los que estaban desembarcando han notado cierta mejoría, pero entonces una batería anticarros ha comenzado a escupir a su vez, y al menos otros veinte han vuelto a caer al agua. Por mi parte, me he tendido boca abajo. Desde mi posición, y con sólo ladearme un poco, les veía disparar. La coraza del tanque que estaba ardiendo me protegía a medias, y he apuntado cuidadosamente. El tirador ha caído retorciéndose con fuerza. He debido darle un poco demasiado bajo, pero no podía detenerme a rematarle. Era preciso, antes, abatir a los otros tres. Me ha costado trabajo, pero por fortuna el ruido del tanque que seguía ardiendo me ha impedido oírles berrear, pues también he matado mal al tercero. Por lo demás, la cosa seguía saltando y humeando por todas partes. Me he frotado los ojos un buen rato para ver mejor, pues el sudor me impedía ver, y el capitán ha regresado. Ahora sólo se servía de su brazo izquierdo.
